No hay democracia mundial, el que no lo quiera reconocer se equivoca. Por no haber no hay ni una organización o estructura política mundial que haya sido elegida democráticamente por los ciudadanos. Lo más parecido a una cierta relación con la democracia es que dependiendo de la organización internacional de la que hablemos, los miembros de esa estructura son elegidos por los gobiernos de distintos países, ni siquiera son unos parlamentos los que lo eligen. En algunos casos esos gobiernos son elegidos a partir de elecciones democráticas, en otros casos por gobiernos dictatoriales.

Como siempre he dicho por ahora igual que el único sistema económico eficaz, libre y justo impulsado directamente por la sociedad y por una mano invisible es la economía de mercado, la más auténtica democracia actual libre, eficaz y justa es la democracia representativa. Ambas opciones paralelas y lideradas por la mano invisible global de la que forma parte la mano invisible de la economía, economía de mercado y la democracia participativa, son perfectibles en su implementación y desarrollo, sobre todo que puedan funcionar sin presiones y ataques externos. Tal vez acompañados de algunas complementaciones como es el estado del bienestar que realmente es producto de la interacción entre la democracia representativa y la economía de mercado. En todo caso soy, sería torpe si no lo fuera, defensor de la existencia de estructuras internacionales, valoro positivamente mucho lo que hacen, pero considero que es una mínima parte de lo que debieran hacer y no están a la altura de las circunstancias ni de los tiempos actuales, como hemos analizado en los capítulos anteriores sobre el coronavirus y la situación de Venezuela, donde las estructuras han fallado estrepitosamente, incluso podríamos decir que prácticamente hicieron muy poco o casi nada.

En el caso del coronavirus si hubieran tenido algo de poder, una mejor infraestructura y fondos para actuar en alguna medida podrían haber sido un poco más eficaces. En este caso me refiero a la Organización Mundial de la Salud, que es el organismo de la ONU para gestionar la salud mundial a través de la prevención, promoción e intervención. En el caso de Venezuela es distinto, independientemente de que la capacidad de la ONU es muy limitada, pero ni siquiera esta se ha podido utilizar, a pesar de que existe como eje estructural ideológico de las Naciones Unidas la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, estos excepcionales principios casi inmejorables por ahora, son cumplidos medianamente por una parte de los países, creo que totalmente por ninguno, incumplidos gravemente por muchos y totalmente por bastantes.

La ONU fue fundada el 24 de octubre de 1945 en San Francisco, Estados Unidos. El nombre se lo puso Franklin Roosevelt en 1942 en plena Segunda Guerra Mundial, cuando 26 países aprobaron la Declaración de las Naciones Unidas con el compromiso de seguir luchando juntos contra la potencia del eje liderado por la Alemania de Hitler. Las Naciones Unidas se fundaron justo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y como dice su documento fundacional, se crearon para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. Una organización para la paz y la seguridad internacional.

No hay mayor estulticia que utilizar la violencia física para dirimir un problema, peor es cuando el conflicto no es por diferencia de criterio sino producto de la ambición desmedida de una parte, el abuso manifiesto, la avaricia y la violación física, espiritual y de derechos. Más grave aun cuando la ejerce un grupo, una comunidad o un país entero. El colmo de los colmos es cuando un país intenta dominar y controlar el mundo entero por la fuerza de las armas. Eso es lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. Tuvimos la suerte de que no ganaron los perversos cosa que pudo ocurrir. He dicho perversos, en primer lugar, porque lo son, y en segundo lugar, porque hay una corriente social que cuando se dicen los malos, que pudiera ser una acepción importante y real, lo consideran una generalización simple y moralista o tal vez maniquea. El maniqueísmo es una doctrina religiosa del siglo III que se basaba en clasificar a las personas en dos términos antagónicos, los buenos y los malos, sin términos intermedios.

Claro que existen buenos y malos y dentro de estos extremos hay tantos grados y diferencias como el arcoíris existente entre el blanco y el negro, incluso dentro de cada color hay matices. A los que no les gusta definir las cosas, las teorías, las acciones a las personas por la graduación bueno malo la utilizan constantemente en su forma de pensar, analizar y actuar. ¿La clave en función de que definimos si algo es más bien bueno o es más bien malo? Lo habitual y lógico es hacerlo en función de nuestra escala de valores, cuando se pretende hacer un análisis filosófico social y político es bueno definir o referenciar cuál es esa escala de valores. Diría que es básica y a groso modo la que marca la mano invisible y el mercado de las ideas.

Para que nadie me reproche ser etéreo o poco concreto aclaro que acepto y considero que mi escala de valores es convergente al máximo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y con los contenidos de la mayor parte de las Constituciones de los países más avanzados culturalmente del mundo, que son básicamente de Europa occidental y Estados Unidos. Pienso que tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las Constituciones mencionadas son producto de la mano invisible del mercado de las ideas. En adicional, como dicen en Latinoamérica, en este ensayo que publico por capítulos se puede ver, analizar y criticar cuál es mi escala de valores que esencialmente es muy parecida a la de la mayoría de las personas.

No confundir lo filosófico y estructural de mi teoría que aquí manifiesto con las concreciones y ejemplos que utilizo. Todo ensayo debe basarse en las dudas, controversias y provocación para intentar participar e influir en el mercado de las ideas para mejorar el mundo, sus estructuras y su funcionamiento. La preservación de la paz es fundamental y no hay cosa peor para la humanidad que la inseguridad, la violencia y la guerra.

La Carta de las Naciones Unidas que se firmó en junio de 1945 y que entró en vigor en octubre de ese mismo año, aparte de definir sus órganos enumera cuatro propósitos, mantener la paz, la seguridad internacional, fomentar las buenas relaciones entre países y buscar la cooperación internacional a los problemas internacionales y el respeto a los derechos humanos.

Entiendo que el nacimiento de la ONU está condicionado por una guerra mundial absurda y potentemente destructiva y que el objetivo fundamental del mundo en esa época era la paz, lo debió ser y sigue siéndolo. Pero además de la paz hay otros muchos y encomiables objetivos. También entiendo que en la ONU se deja entrar y participar incluso con los mismos derechos a países dictatoriales que no cumplen ninguno o casi ninguno de los principios recogidos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que son genocidas y que cometen reiterativamente y de forma continua delitos de lesa humanidad. Esto no puede ni debe seguir así, las estructuras internacionales deben democratizarse y todos los países deben ser democráticos.

Las Naciones Unidas deben trabajar para que la Declaración Universal de Derechos Humanos se aplique globalmente y en cada uno de los países.

Todas las estructuras internacionales deben ser democráticas o en todo caso debe haber al menos una superestructura internacional de todo el planeta que sea democrática y a partir de esa con el apoyo de los países y sus estructuras democráticas controlar todas las decisiones internacionales y organizaciones internacionales del mundo. Estamos hablando de las Naciones Unidas porque es lógico pensar que sea ella la estructura que pueda jugar ese papel. Si no quiere hacerlo la ONU o no puede, tendrá que ser otra organización, pero debe ser ella. Mucho de lo que hace las Naciones Unidas lo tiene que seguir haciendo y lo debe realizar cada vez mejor, puede hacerlo y, además, es necesario que lo haga.

He titulado este capítulo la dictablanda mundial porque en cierta medida es como funcionan las estructuras mundiales al no tener ni elección democrática ni funcionamiento ni control democrático. La RAE define dictablanda a una dictadura poco rigurosa en comparación a otra. En España esta palabra se usó para definir al gobierno formado por Dámaso Berenguer en enero de 1930 tras la dictadura de Primo de Rivera. Fue la transición hacia la vuelta a la Constitución y la democracia que fracasó y acabó, tras otro breve gobierno de Juan Bautista Aznar, en unas elecciones municipales que se convirtieron en plebiscitarias, sin serlo, dando entrada a la Segunda República Española. Esta segunda interpretación me parece más acertada que la primera. En cierta medida quiere decir que es un sistema no democrático que tiene intención de serlo, pero que no lo consigue porque no cumple la condición de tener los representantes de la sociedad elegidos y actuando como tales. Exactamente eso es lo que le pasa en la ONU. Un problema que debe solucionar cuanto antes. Los miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas, que hace de parlamento electo sin serlo, deben ser elegidos democráticamente en elecciones directas por todos los habitantes del mundo. La ONU tiene otros problemas, tiene en la actualidad 193 estados miembros, pertenecen todos los estados reconocidos (197) como tales a excepción del Vaticano y el estado de Palestina que son miembros observadores y las islas de Cook y Nine porque están en libre asociación con Nueva Zelanda.

Cada Estado tiene un voto en la Asamblea, por lo que tienen la misma representación y por lo tanto el mismo poder, la República de las Islas Marshall con 60.000 habitantes o Liechtenstein con menos de 40.000 habitantes que China con 1.395 millones de habitantes.

Debería haber como en todas las democracias del mundo cierta proporción entre el número de miembros de la Asamblea y el número de habitantes y en su caso número de votantes. Hay quien dirá, que en todo caso se debe tener de alguna medida en cuenta la singularidad, la soberanía nacional y la importancia de ser un país legal y estructurado como tal. Es cierto, pero para eso también hay sistemas. Para hacerlo se podría organizar la ONU con un sistema bicameral, uno territorial que representa los estados en una especie de senado y otro de representación más democrática que representan los ciudadanos en cierta proporcionalidad al número de habitantes, a modo de asamblea de diputados o representantes populares.

El representante del Estado y miembro del senado debería también ser elegido democráticamente mediante elecciones. Entiendo que sería excesivo que la asamblea de diputados tuviera más de 1.500 miembros aunque las nuevas tecnologías y la era digital pudieran garantizar un buen funcionamiento, se le puede asegurar a cada Estado un mínimo de un diputado por país miembro y uno más por cada determinado número de habitantes, se podría poner un tope máximo de diputados que podría estar en el 6% de la asamblea y a partir de los 100 millones de habitantes fijar la cantidad de habitantes necesarios para cada diputado adicional. Estos podrían ser fórmulas lógicas para equilibrar todas las variables de los diferentes tamaños de los países en función de sus habitantes, pero manteniendo un criterio democrático, de todas formas, se pueden generar otras fórmulas que consigan con alguna variación los objetivos de ser democráticos.

Habría que pensar qué se hace con los países dictatoriales que entre sus características tienen la de no realizar ningún tipo de elecciones democráticas en su país. En principio debería ser obligación de la ONU, así como de cualquier país, cualquier organización social o política del mundo, incluyendo las empresas y los ciudadanos, el de presionar a las dictaduras para que dejen de serlo y se conviertan en democracias. Estoy seguro de que antes o después la sociedad y el mercado de las ideas exigirán un parlamento mundial democrático que dé a su vez representación democrática a sus estructuras. Igualmente, creo que lo más sensato como dije anteriormente, es que esto debe partir a través de la reforma de la ONU. Soy consciente de que, aunque lo quiera y sería lo lógico, lo esperable es que eso no ocurra por lo menos hasta dentro de un mínimo de 10 años o incluso 15, por lo que hay algo de tiempo para que algunas de las dictaduras del mundo se transformen en democracias.

Cierto es que la revolución de la comunicación y la era digital van a provocar una mayor velocidad en los cambios sociopolíticos, pero también provocarán cambios en la evolución de las dictaduras hacia la democracia. Paralelamente a la necesaria lucha por la paz y la seguridad en el mundo hay que activar la lucha por la democracia integral en el mundo. Las dictaduras podrán seguir siendo parte de las estructuras de gobierno del mundo siempre con su representante en el senado y un representante en la asamblea. En el caso de que haya entrado en funcionamiento la asamblea democrática durante los tres primeros años, los países no democráticos podrían incorporar además del miembro asegurado en todo caso, la mitad de los miembros que le hubieran correspondido. Si a pesar de ser una dictadura, realiza elecciones democráticas libres y sin trampas ni coacciones durante los ocho primeros años tendrá derecho a incorporar a todos los diputados democráticamente electos.

A partir del noveno año, la mitad de los que le correspondería si no fuera una dictadura, siempre que hayan sido democráticamente electos. A partir del año 16 sin ser una democracia no tendrían más que un senador y un diputado hasta que cambien su estatus con respecto a la democracia. ¿Que parece una ficción? Bueno, ya veremos en unos cuantos años. Sin duda, este es el camino, lo que puede cambiar es la fórmula o el instrumento. También es misión del mundo, de los gobiernos de los distintos países y de la ONU la implementación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en todas partes.

La ONU tiene un segundo problema, el Consejo de Seguridad es el único órgano realmente ejecutivo y con poder real. Tiene la misión principal de mantener la paz y la seguridad mundial. Puede actuar en tres niveles, auspiciar que las partes lleguen a un acuerdo mediante el diálogo y la negociación, imponer embargos y sanciones económicas y, por último, autorizar el uso de la fuerza.

Aquí llega el problema, el Consejo de Seguridad tiene 15 miembros, de ellos 5 son de carácter permanente y 10 son elegidos cada 2 años con el siguiente sistema, 5 entre los Estados de África y Asia, uno entre los Estados de Europa oriental, 2 entre los Estados de América Latina y el Caribe, y 2 entre los estados de Europa y otros.

El problema todavía menos democrático es el derecho de veto que tienen los 5 países que son miembros permanentes, estos son China, Estados Unidos, Francia, Rusia y el Reino Unido. Cada miembro del Consejo de Seguridad tiene derecho a un voto. Para que una resolución sea aprobada necesita 9 votos afirmativos de 15 posibles y además que no tenga ningún veto de ninguno de los miembros permanentes.

Hay que tener en cuenta que, de los cinco miembros permanentes, dos de ellos eran hasta hace poco dictaduras, Rusia y China. China continúa siéndolo y ninguno de los dos hasta hace poco no reconocía la libertad individual ni la propiedad privada. En esto último, la propiedad privada, han cambiado ambos, transformándose en un capitalismo agresivo y sin reglas equitativas de juego, peor China que Rusia. Los rusos continúan internamente con un sistema claramente populista lleno de trampas, con cierto grado de represión y sin un funcionamiento que pueda decirse que sea de una democracia homologable. Además, Rusia juega permanentemente a tensionar el mundo, entra en cuanto conflicto mundial puede existir, con frecuencia del lado dictatorial y poco democrático. Estados Unidos en su política exterior ha aplicado los términos Estado gamberro, canalla o villano a determinados Estados por un claro comportamiento autoritario o dictatorial que no cumplen y que limitan gravemente los derechos humanos y otras acusaciones como terrorismo y proliferación de armas de destrucción masiva.

La palabra gamberro me gusta para ser utilizada, pero ya para que junto a la de villano y canalla sea utilizada como un pack completo que incluya terrorismo y fabricación de armas de destrucción tenemos que utilizar otra palabra que define a los Estados dictatoriales y gravemente incumplidores de los derechos humanos. Podemos llamarlos Estados infractores, transgresores o tramposos, los definimos, aquellos que tienen un sistema político fuertemente autoritario, sin democracia, que no respetan la libertad de sus ciudadanos y en general reprimen severamente los derechos humanos.

Con esta definición no se puede apelar a que no hay prueba de ello. Es un país dictatorial o no, hay democracia o no la hay, se reprimen los derechos humanos o no, es muy claro y muy sencillo de comprobar.

En todo caso debemos estar todos de acuerdo que no es democrático que, en el Consejo de Seguridad de la ONU, que es el único órgano que puede tomar decisiones, haya una parte de miembros, 5 de 15, que lo sean por imposición inicial de su fundación hace ya casi 75 años. Menos democrático todavía que esos cinco miembros tengan derecho a veto en cualquier decisión que no sea de procedimiento, peor cuando uno de esos miembros es claramente un país tramposo, en este caso avalado con todos los certificados necesarios. Me parece bien y adecuado que las decisiones del Consejo de Seguridad se aprueben por mayoría cualificada de 9 votos afirmativos de 15 posibles, los grandes temas y aquellos que implican a toda la humanidad deben tener un importante nivel de consenso para su aprobación. De esto deberían tomar buena cuenta muchos de los países que toman grandes decisiones o líderes políticos que tratan de dividir a la población e imponer decisiones de gran calado por simple mayoría o por exigua diferencia de votos con los que piensan distinto. Eso ocurrió recientemente en Gran Bretaña con el Brexit, consistente en su salida de la Unión Europea. 51,9% votó por la salida y 48,1% por la permanencia, días después, según las encuestas, había unos pocos más partidarios a favor de la permanencia que de la salida.

La ONU también tiene en su organigrama la figura del secretario general de Naciones Unidas, desde agosto de 2016 es el portugués Antonio Guterres que estará hasta 2021 ya que su cargo tiene una duración de 5 años. El secretario general es elegido por la Asamblea General por recomendación del Consejo de Seguridad. Sus funciones son de director administrativo, además de lo que le pudieran solicitar los otros órganos de la ONU. Sus funciones son: plantear al Consejo situaciones que pudieran amenazar la paz y la seguridad internacional, defender los valores de las Naciones Unidas y hablar y actuar en favor de la paz. Es su máximo representante y tiene la competencia de convocar a la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y las otras estructuras de la ONU. Desde luego, es mucho mejor la existencia de la ONU que su inexistencia, así como las de las demás estructuras sociopolíticas mundiales y en general internacionales. El mundo necesita y se merece que los organismos internacionales y mundiales con algo de poder y liderazgo político sean estrictamente democráticas.

Por otra parte, el mundo necesita organizarse políticamente a nivel mundial, podría hacerlo a través de una estructura existente como la ONU o de una completamente nueva. Aunque el mundo lo organizara de otra manera o por estructura diferenciada, las Naciones Unidas seguirían teniendo la obligación de ser democráticas y transparentes. El que las estructuras mundiales no sean democráticas es un oxímoron con la historia, con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la sociedad y con el mercado de las ideas. Un oxímoron es una contradicción en sí misma, consiste en utilizar palabras consecutivas contrarias, sería como decir un silencio estruendoso, pero fuera de la figura literaria, se puede utilizar para situaciones en sentido figurado.

Estamos inmersos en tiempos del coronavirus, abril de 2020, epidemia que tiene su origen en la ciudad de Wuhan en China. Pudo haber en otra parte de China algún caso, pero el epicentro del nuevo y actual coronavirus es el mercado de animales de Wuhan, donde se venden animales salvajes para consumo alimenticio humano. Los primeros estudios apuntan a que la pandemia se generó, y no es la primera vez, por una práctica alimenticia insalubre e indebida que ya ha ocasionado otras pandemias, que los epidemiólogos ya habían anunciado el riesgo de una nueva. De ser así, el desarrollo de esta pandemia es culpa dolosa de las autoridades chinas. A ningún país se le puede culpar por ser el origen de la enfermedad, pero sí si es reincidente y si ya estaban advertidos. Aunque ellos no son los únicos culpables también lo son en alguna medida las estructuras de poder internacionales, concretamente la Organización Mundial de la Salud que a su vez es una organización de la ONU dedicada a la prevención, promoción e intervención de la salud en el mundo. Lo son por no ver venir la pandemia, no tomar medidas a tiempo y no haber presionado suficientemente a los dirigentes chinos en su día sobre los riesgos ya conocidos de comer animales salvajes que han sido, son y serán el origen de pandemias.

Es verdad que en el desarrollo de la pandemia su actuación ha sido mejor y que a pesar de ser el máximo organismo mundial en materia sanitaria no tiene ni los medios ni el presupuesto suficiente para la envergadura e importancia de su trabajo.

Hasta ahora todo lo hablado es hacer y convertir las precarias estructuras de poder en democráticas y en dotarlas de estructuras eficientes con medios adecuados para cumplir bien eficientemente las necesidades del mundo más allá de las fronteras físicas de los países y de la capacidad de actuación. En ningún caso consiste en ninguna merma ni debilitamiento de la soberanía de cada país.

Entonces, ¿cuáles serían las competencias de esa nueva Naciones Unidas? En primer lugar, continuar con todas y cada una de las que tiene, pero tener los instrumentos democráticos y los medios, poder realizarlo de la forma más eficiente, justa, igualitaria y democrática posible. Extender la presión que ejerce para preservar la paz en el mundo, al campo de la democracia, la libertad y el respeto y cumplimiento de los derechos humanos. Trabajar por la igualdad y contra el hambre y las necesidades del mundo.

Debemos intentar que la generosidad, la fraternidad y la solidaridad poco a poco traspase las fronteras. Hay parte del Planeta que no cuenta con competencias y que son de todos pero que deben ser gobernadas por todos y funcionan anárquicamente. Hay que gobernar los océanos, de la estratosfera para arriba el resto del universo. El problema del medio ambiente y la degradación del planeta es algo de todos. Las pandemias, el conocimiento, el desarrollo de las nuevas tecnologías, los robots, ciber robots, el uso de las redes sociales que no tienen fronteras, el crimen internacional organizado, el narcotráfico internacional y los monopolios internacionales son algunos de los temas donde una estructura de poder verdaderamente representativa del mundo y plenamente democrática tendría que actuar.

Estas son algunas de las posibles funciones y líneas de actuación que una autoridad democrática mundial pudiera tener, hay muchos más, entre otros la relación con más o menos poder o control democrático de otras estructuras internacionales y mundiales.

Toda la gestión de superestructura mundial debe hacerse consensuada al máximo, con decisiones de mayorías cualificadas y respetando totalmente las soberanías de los países y la condición de libérrimos de los 7.700 millones de habitantes. Comprendo que lo escrito aquí parece casi ciencia ficción, no tanto por la imposibilidad real sino por la actitud de muchos países, grupos económicos, de presión, lobbys e intereses múltiples y complejos a los que les conviene un mundo menos democrático, justo, igualitario, por intereses personales, económicos, de preeminencia y liderazgo mundial que prefieren dejar todo como está.

A medio o largo plazo las cosas van necesariamente por este camino, no exactamente igual, pero sí de forma muy parecida. La sociedad y el mercado de las ideas así lo exigen. La revolución de la comunicación y del conocimiento en pleno funcionamiento de la era digital que va a cambiar de forma exponencial el mundo actuará con fuerza en la democratización del mundo tanto a nivel de los países como del planetario.

A más progreso económico, tecnológico y democrático habrá, como ha ocurrido hasta ahora más ética, mejor organización social y política en el mundo y en sus países, más y mejor cumplimiento de nuestra escala de valores tan bien reflejadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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